Acólitos Sin Fronteras

Web de carácter no lucrativo para salvar su alma… de la religión.

Deuteronomio

Septiembre27

Moisés, que por intervención divina, se había quedado encallado a las puertas de la tierra prometida, decidió dedicar un discurso de despedida al pueblo que había guiado las últimas décadas.

Como ya nos conocemos y sé de que pie cojeáis, ya le he dicho a mi sustituto que aplique mano dura. Pero como no me fío ni un pelo de vosotros, os voy a dictar unas cuantas leyes más, por si acaso. Que si os dejo hacer lo que queráis, sois capaces de no elegir lo que más me convenga a mi.

Lo primero que hizo fue leerles su última novela: Números, que no es que no estuviera a la disposición de todos, sino que era tal tostón con todas esas cuentas, que nadie se lo había acabado. En aquella versión oral, Moisés omitió la parte contable para que la audiencia no se le durmiera nada más empezar.

Sorprendido de que, al terminar, la gente todavía estuviese en su sitio (más o menos interesada), decidió continuar explicando otros greatest hits como la historia de los diez mandamientos, las advertencias y castigos contra la idolatría, la huida de Egipto, parabienes para los temerosos de Dios, y promesas y amenazas varias. Una juerga, vamos.

Después, a petición del patrocinador supremo, recordó lo mucho que le molestaba a Dios la idolatría. La idolatría a otros se entiende. Se debe destacar que en ningún momento se negó la existencia de otros dioses, sino que se exhortaba a no alabarlos. Era como ser aficionado al fútbol, se elige equipo y hasta la muerte en contra de todos los demás.

Puesto que al parecer, Dios sólo se interesaba por chorradas y no tenía intención de revelarles el sentido de la vida, por qué existe la maldad o algo remotamente importante para la humanidad, Moisés pasó a hablar de política económica. Qué parte del dinero tenía que ir para caridad, que parte para los chupasangres de la clase sacerdotal, esas cosas.

Por cierto que también habló de los esclavos, aunque más que enfocar el aspecto humanitario, básicamente hizo una ampliación del apartado anterior. Dios nunca dijo una sola palabra en contra de la esclavitud (¿para qué? A Él no iba a esclavizarlo) sino que fomentó su continuación.

Como no todos los que deseaban vivir del pueblo tenían vocación sacerdotal, se había creado la figura de juez, encargado de aplicar la justicia divina1. Menos mal que Dios existía, porque sino se diría que actuaban con una ley arbitraria que servía a sus conveniencias.

En un alarde de modestia, Moisés les cuenta que Dios a prometido otro profeta como él. Y ante las dudas lógicas de un pueblo que se pregunta como lo reconocerán, les responde, con dos cojones, que si se cumple lo que el profeta dijo en nombre de Dios, era el auténtico, y que sino, pues no. Hubiera estado bueno que fuera al revés. Aunque lo más destacable es que nadie se percatara (entonces y durante muchos siglos) que las promesas de Dios (siempre en boca de oportunos mensajeros. Dios, que es todopoderoso y omnipresente no puede dedicarse a esas cosas y eliminar las dudas razonables de la gente), igual que las promesas electorales, se cumplen las menos, se olvidan convenientemente una buena porción, y se adaptan a la conveniencia de las circunstancias (por no decir de la realidad) la mayor parte. Eso sin contar las profecías manipuladas a posteriori.

Se ratificó la ley del Talión (vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie), pero eso sí, no se aceptaba la acusación de un solo testigo, debían ser al menos dos o tres. Lo cual, si se piensa bien, más que una garantía judicial, trataba de sembrar dudas sobre que Dios estuviera realmente bajo la decisión del juez.

También les dijo que si tenían que salir a la guerra, pues ánimo, que Dios estaba con ellos. No se debía olvidar que Dios no amaba a toda la humanidad por igual, había un pueblo elegido.

Curiosamente, quedaban excluidos de la guerra los que tuvieran una casa nueva aún por estrenar, los que hubieran plantado una viña sin haber podido disfrutarla todavía, los recién casados que no les hubiera dado tiempo (que ya tenía que ser inminente la guerra) de consumar su amor2, y, atención, los medrosos y los pusilánimes.

A los que si fueran, les dejó muy claro que a todo varón que no se rindiera, lo pasaran por la espada, y que se quedaran como botín a las mujeres, niños, animales y todo lo que hubiera en la ciudad. Todo por la gloria de Dios.

Pero no todo era guerra, la paz se debe legislar igualmente. Por ejemplo, si tenías un hijo rebelde, podías acusarlo antes los ancianos y el pueblo lo apedreaba. Era una manera mucho más efectiva de coaccionar que dejar sin postre, todo hay que decirlo.

El adulterio, no llegar virgen al matrimonio (la mujer), y la violación eran castigados con la muerte. Si la mujer violada no chillaba, también se la sacaba del medio.

No debían admitir en la congregación ningún descendiente, ¡hasta la décima generación!, de los vecinos que les caían mal. Sino era muy mal, hasta la tercera generación. ¿Quién dijo que era un pueblo rencoroso? Tampoco aceptaban a los hombre con los testículos magullados ni con el miembro viril amputado. Se podía entrever para qué se quería a los hombres ahí.

Una vez puestos a promulgar leyes cuesta parar, así que aún se establecieron unas cuantas más. Tenías que quedarte (¡vaya lata!) con los esclavos huidos en vez de devolverlos a su dueño. Sólo se cobrarían intereses a los extranjeros. Nada de sodomía (Dios hizo agujeros de entrada y de salida y no convenía confundirlos). Por otro lado tampoco ninguna mujer de las suyas podía hacerse puta, ni se podía usar el dinero ganado por las prostitutas (ni el precio de un perro) para las ofrendas. Curiosamente, y eso que ya no hubiera costado nada hacerlo, no se prohibió ir de putas. ¿Doble moral? ¿Supremacía de los instintos? No hay que ser malpensados, sólo fue un descuido…

Moisés no se olvidó de las leyes progresistas, permitía el divorcio si el marido encontraba algo indecente en su esposa. La gente ya no moriría por los pecados de otros, aunque fueran familia, con los suyos propios había más que suficiente. Y se podía comer uvas y trigo de los campos de los demás, pero no valía usar herramientas ni cestos, pues era trampa. Sólo lo que pudieras comer y lo que sobrara tras la cosecha. Eso sí lo tenían los hebreos, todas las sobras de sus campos y de sus casas, se las daban a los pobres.

Si dos hermanos vivían juntos y uno moría, la viuda tenía que casarse con el cuñado. Si el hombre no quiere, la mujer debía ir a hablar con los ancianos3 y delante de ellos le tenía que quitar el calzado del pie y escupirle en el rostro. A partir de ese momento se le daría el nombre de La casa del descalzado. Era un poco raro y humillante, pero tenías suerte de que no te lapidaran.

Inspirado en la habilidad esculpidora de Dios con los diez mandamientos, Moisés, que no tendría que hacerlo él, mando escribir los cientos de leyes que les mandaba en piedras sobre el Monte Ebal. También constituía una forma de que no se desvirtuara la ley haciendo que cada cual la adaptase a sus conveniencias, sin embargo, considerando que ya desde su génesis se había manipulado con la ley cuanto se había querido, simplemente era una forma de asegurar el empleo de los escribas durante una buena temporada.

Tal vez para ponerle un lacito a todo lo dicho, bendijo a todo el que cumpliese las normas y maldijo, con muchas hipérboles, al que no. Si cuela, cuela.

Aprovechando que estaba todo el mundo allí reunido, Moisés nombró a Josué como sucesor, le instó a que se leyera la ley en público cada siete años (hay que informar sin aburrir) y que la guardara junto al arca (que si se empieza a guardar unas cosas aquí y otras allá, al final se pierden y no encuentras nada).

Y puesto que ya no tenía que ver más a aquella gente, y que a sus 120 años, Moisés ya había perdido casi toda la vergüenza, quiso mostrar ante el gran público su afición secreta: el canto.

El cántico de Moisés dejó a todos con la boca abierta (aunque el sentimiento que llevó a esta conclusión no ha sido aclarado). La temática del mismo era Dios y sus grandezas. La verdad es que después de pasarse cuarenta años en el desierto con una voz en la cabeza que le murmuraba constantemente una monserga religiosa, al pobre hombre no le salía componer otra cosa.

A Dios le gustó el peloteo y le concedió ver la tierra prometida antes de morir (en breves minutos): Se mira pero no se toca.

La última declaración de Moisés antes de desaparecer en la nada (no hay que olvidar que Dios aún no había inventado el más allá), fue una bendición a las doce tribus de Israel, que acababa con las bonitas palabras:

Así que tus enemigos serán humillados,
y tú hollarás sobre sus alturas.

1 Increíblemente nadie reparó en el oxímoron.

2 De follar como puercos, vamos.

3 Existía una suposición no confirmada de que a más edad, más sabiduría, y por eso los ancianos formaban la autoridad moral de aquellas gentes. Pero el que no haya visto al menos a una persona mayor imbécil, que se haga graduar las gafas.

Números

Septiembre14

Un día, cuando los hebreos aún viajaban por el desierto, Dios llamó a Moisés y le dijo: Toca hacer inventario.

Ordenaron a toda la congregación en doce tribus en función de qué hijo de Jacob descendían y Dios le mandó contabilizar todos los varones, de veinte años para arriba que pudieran ir a la guerra (ya se iban perfilando sus intenciones). Los Levitas (hijos de Leví) no debían ser contados pues como sacerdotes que eran, movieron los hilos necesarios para librarse de ir a cualquier guerra.

Al final, les salió la optimista cifra de 603.550, que no se la creyó ni Dios.

Ya puestos a contabilizar cosas se dedicaron contar sacerdotes, objetos sagrados, oficios y cargos, primogénitos, y todo lo que se les ocurrió. Si hoy en día no sabemos cuantos pelos en el culo tenía Moisés es sólo porque no disponían de suficientes rollos para anotar tantas cuentas.

Aprovecharon para inaugurar el tabernáculo (santuario móvil quedaba poco serio) con todas sus correspondientes y derrochadoras ceremonias y organizar la logística de tanto exiliado agrupado. De esta forma se internaron en el desierto. Podrían haber dado un rodeo, sí, pero deseando un buen aspecto en el regreso triunfal, ¿dónde iban a broncearse mejor?

Cerca de Canaán, Dios le dijo a Moisés que aquella era la tierra que les había prometido, pero que por si sus habitantes no se habían enterado, enviara a un cabecilla de cada una de las doce tribus (la representación local) a tantear el terreno. Moisés hizo formar a los doce, y puesto que sus nombres iban a pasar a la posteridad, le cambió el nombre a Oseas (que sonaba demasiado pijo) por el de Josué, que resultaba más aguerrido.

Los doce espías marcharon a cumplir la misión y pronto regresaron. El panorama estaba claro: si ponían un pie en aquella tierra, sus moradores les iban a pasar por la espada. Diez de ellos lo tenían claro, habían seguido a Moisés hasta allí para tener un futuro, no para ser carne de cañón de una guerra absurda, así que incitaron a su congregación a buscar otro lugar. Un sitio donde no tuvieran que molestar a nadie. En cambio, dos de ellos, Josué y Caleb, opinaron que una mierda iban a renunciar a aquella tierra, algo tendría de buena si tanta expectación levantaba, y al fin y al cabo, no iban a ser ellos los que sangrarían en el campo de batalla, para eso eran jefes, o incluso príncipes.

Evidentemente, la sensatez se impuso y casi todo el mundo se quiso marchar, pero como a Dios le importaban más sus planes que su pueblo, fulminó a los diez disidentes y castigó a su pueblo con no entrar en la tierra prometida (muy oportuno, puesto que sus habitantes auténticos tampoco pensaban dejarles). Eso sí, a sus hijos si les dejaría, esta generación le había salido respondona, pero necesitaría gente en el futuro. A Josué y a Caleb, que habían captado su filosofía, también les dejaría para que adoctrinaran a las nuevas generaciones.

Desesperados por hallarse entre los elementos y un Dios homicida, mucha gente pensó que de perdidos al río y se fueron a combatir con los habitantes de aquellas tierras, a ver si la conquistaban, todo el mundo se quedaba tranquilo y podían vivir en paz de una vez. Como era de prever, fue una escabechina. Históricamente, el pueblo hebreo no solía tener mucho éxito en las campañas militares. Lo suyo era más la autoflagelación.

Dios observó que entre las bajas y los disidentes, sólo le quedaban cuatro gatos, así que hizo un poco de manga ancha con todo el rollo que les había venido soltando de que era un pueblo elegido unido por su sangre y empezó a aceptar inmigrantes siempre que le juraran fidelidad.

Y ahora una pausa para una anécdota graciosa. Cierto día (el de descanso) un hombre fue sorprendido recogiendo leña. Lo apresaron y preguntaron a Dios qué debían hacer con él. Dios respondió: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréenlo toda la congregación fuera del campamento. Y así lo hicieron.

En aquel clima de paz, armonía y realización, se generaron algunas rebeliones que rápidamente fueron sofocadas con las respectivas y comprensivas masacres.

Estando en el desierto siempre había escasez de agua. Tras varias muertes por deshidratación, el pueblo protestó a Moisés porque eso no era la prosperidad que Dios les había prometido. Para aplacar los ánimos, Dios construyó un acueducto subterráneo, y para hacerlo más espectacular, esperó a que Moisés diera la señal convenida de dos golpes de bastón en una roca para abrir al máximo el grifo y que el agua brotara a chorro. Puesto que Dios aún no sabía como narices iba a conseguir meter a toda esa gente en la tierra que le había prometido, aprovechó la ocasión para cubrirse las espaldas y reafirmarse delante de toda aquella gente en que no les dejaría conocer la tierra prometida. De esta forma, se eximía de futuros reproches y, llegado el caso, siempre podría mostrar una deslumbrante magnanimidad perdonándolos a todos. Sorprendentemente, eso ocurría mucho: la gente se sentía muy agradecida cuando le librabas de sufrimientos que tú mismo les habías impuesto.

Por otro lado, para que Moisés tampoco se le despistara y se pusiera en su contra tras haberle metido en toda aquella movida para luego dejarle con la miel en los labios, hizo subir a su hermano Aarón a un monte, desnudarse, darle las ropas a su hijo, y lo dejó allí para que muriera. De tanto en tanto, era importante dejar claro quién mandaba. Aunque en el fondo, a Moisés no le importó demasiado porque se había enterado de que Aarón estaba intentando quitarle el poder subrepticiamente. Ahora sólo había un líder (y una deidad genocida) al mando.

Después Dios se retiró a descansar un tiempo, pues era conocer de que los había dejado bien amaestrados. Les dejaría hacer a ellos, total, ya sabía que si les ocurrían cosas malas lo achacarían a un castigo suyo por no haber sido suficientemente buenos; y si sucedía algo bueno, sería interpretado como una muestra de su generosidad. Un negocio redondo.

Y ya fuera porque no tenían a Dios a sus espaldas manipulándolo todo, o porque no hay enemigo peor que el desesperado, el pueblo de Israel (el de los hebreos) fue ganando todas las batallas contra los habitantes de la zona. Gran triunfo para los descendientes de Jacob, pero una injusticia para los vencidos.

Por el camino también encontraron asentamientos con los que tuvieron buen trato y a los que contagiaron sus costumbres de contabilizar gente y sandeces, establecer leyes machistas y asesinar por futilidades.

Como el tiempo iba pasando para todos, y Moisés seguía teniendo vedado el acceso a la tierra prometida (ansioso deseo producto de publicidad, cuya realidad acabaría estando muy lejos de las ilusiones de la gente. Otro motivo para no dejar pasar a los que había hecho tal promesa), Dios pensó que sería bueno nombrar a un sucesor. El escogido fue Josué, que tanto por su manera de discurrir como por sus métodos había caído en gracia a Dios. Como no podía ser de otra forma, la sucesión fue envuelta de un ritual tedioso de discursitos y ofrendas. Desde luego, en aquel pueblo uno no se ataba los zapatos sin sacrificar un cordero.

Al final, le fueron cogiendo el tranquillo a las luchas y trapicheos varios, y fueron arrasando con la zona hasta conquistar la tierra prometida. Dios no levantó el castigo a los que no podían quedarse en ella pero no les importó mucho porque: uno, estaban muy ocupados repartiéndose el botín de guerra; dos, la tierra prometida era un asco sólo comparable a las que tenía alrededor.

Así que una vez concluido tan bonito y prolongado viaje, decidieron celebrarlo. ¿Cómo? ¿Montando el fiestón del siglo? No. Se dedicaron a la apasionante tarea de contabilizar todos los sitios donde habían acampado durante cuarenta años. Y ese es el motivo por el que este libro se llama Números, porque Gilipollas ya estaba cogido.

Vulcano

Agosto27

vulcano

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Fe (v1.1)

Agosto25

¿Pero qué es tener fe es? Pues, simplemente, es creer que algo que esperas va a ocurrir. Así de simple. ¿Lo entiendes o te hago un dibujo? Vale, vale, podemos empezar a disertar en este post sobre el misticismo de la fe en la religión y su demagógia, pero seamos francos: va a ser patético y aburrido, así que si quieres oir algo sobre la fe, mejor hablar comparándolo con otro tipo de fe, la fe en ligar.

Para este caso práctico (sin fascículos coleccionables) vamos a realizar un simil de comportamiento entre un religioso y un pavoneo ante las chatis en una discoteca.

Para empezar, cualquiera que tiene fe implica que ha de seguir unas normas. Por ejemplo, para abrazar una doctrina o a una chica, has de ir bien arreglado, duchado, etc. Ahí todo correcto.

Apariencia ante todo, buena pose delante del personal, en la iglesia y en la disco; y dejamos en un segundo plano la verdadera palabra del señor o de nuestra madre “cuidado con quién te juntas”, “ojo con beber”, “se buen chico”, “respetuoso”, “da limosna”. Leñes, ¡pero si lo que necesitamos es la gomina! Lo que importa es aparentar, ¡no lo que has hecho antes o después de entrar en ese garito!

Total, estás en la disco y te fijas en una chica, entonces, ¿cuál es el primer paso? Entablar conversacion, ofrecer cigarrillo o invitar a una copa. Ah, la conversación no vende, sólo lo que llevas en el bolsillo, y eso es lo que nos ocurre en la vida. Escogemos una religión, nos vamos a su centro de culto, y ya puedes tener bien preparada la cartera si quieres ser un buen devoto.

Así pues, nuestro primer acercamiento nos sale caro. Y claro, la vida (y la noche) es muy larga, y podemos llevarnos una desilusión, o tener suerte en el primer intento. Por suerte hay mas chatis para ir tanteando hasta que llega la hora final.

No a todos los creyentes discotequeros les sale bien el tiro, pero por otro lado encontramos al típico ateo antisocial. Éste es el pavo que se pasa toda la noche sentado en la barra del bar, sin bailar, sin mirar. Alguna vez se le acercará una chica pero él, como es escéptico, la mandará a paseo. Al menos los religiosos tienen fe en que su chica es la autentica, pero el ateo ni lo intenta. Por eso el ateo está condenado, tanto en la disco como en la vida real.

Bueno, se acaba la noche, y claro, llega el desenlace Si estás sobrio te das cueta en el momento, sino, mañana por la mañana, pero la pava con la que has estado toda la noche tiene más pelo que tú en el pecho. Y eso es, a fin de cuentas lo mismo que le ocurre al religioso, que cuando le llaman a consultas en el más allá, se da cuenta de la realidad y se lleva otro chasco.

Pero ojo, esto no significa que el Ateo ha ganado. Hay dos cosas que hemos de tener en cuenta a la hora de tener Fe.

La primera es creer que al palmarla no nos encontraremos en el otro barrio con que a dios le gusta masajearte la orejita con su barba mientras sostiene en su mano un gran bote de vaselina. Ergo hemos de tener fe.

Y la seguna es que, a fin de cuentas, no a todos nos va mal en la disco. Alguno acertará en su elección. Pero claro, esto es como la lotería, y seamos sinceros, a ti nunca te ha tocado.

Suerte en la vida.
Suerte en la muerte.

Neptuno

Agosto17

neptuno

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El gato del Vaticano

Julio29

Y esta semana, en una nueva emisión de Detrás de todo gran hombre hay una gran mascota tenemos el honor de contar con Felino XVI, el gato megasumohiperpontífice del vaticano, para repasar una de las cuestiones más espinosas del siglo pasado: La iglesia y el nazismo.


–Buenos días, su ilustrísima.
–Oh, por favor, déjese de formalidades. Pero se dice Su imponderable magnífica eminencia.
–Por supuesto, por supuesto. Pero díganos, ¿es cierto que usted ya andaba ronroneando por el Vaticano por la época de la segunda guerra mundial? ¿No es usted demasiado joven?
–Gracias, pero no. Los piensos actuales hacen maravillas con la piel, ¿sabe? Ja, ja. Yendo a lo importante, sí, yo presencié las guerras mundiales. Como ya sabrá los gatos tenemos siete vidas, y yo ya voy por la sexta. Iría por la cuarta, pero en mi juventud me empeñé en encender la hoguera de los impíos yo mismo y a veces ocurren accidentes. Gajes del oficio.
–A pesar de haber mostrado a lo largo de estas semanas múltiples ejemplos, a muchos miembros de nuestra audiencia aún le cuesta creer que una mascota sea la que mueve los hilos de un humano en la sombra. ¿Qué le diría a los que no creen que en realidad usted haya dictado los pasos más importantes de los últimos Papas?
–Bien, en realidad en mi caso ha sido más fácil de lo habitual. Los cristianos están especialmente predispuestos a seguir instrucciones de cualquier cosa rara que les hable con voz autoritaria: zarzas ardiendo, palomas fecundas, manchas en la pared… de hecho, escuchar a un gato es de lo más racional que han hecho en dos mil años.
–Entiendo que lo acepten a usted como consejero, pero de ahí a ser Papa ejecutivo…
–Mire, en realidad el Papa no es más que un puesto de relaciones públicas, un icono florero: a la gente no le es muy útil en la práctica, pero es más agradable y viste mejor que un moribundo en una cruz. Además, piense que la gente sabia no hace carrera en la jerarquía de la iglesia. Los ambiciosos, tal vez, pero los sabios no. Un poco de intriga, un poco de manipulación (que en el Vaticano pasan muy desapercibidos) y ya estaba dirigiendo el cotarro.
–Espectacular. ¿Y cuál diría que es su mayor aportación a la Iglesia?
–Bueno, como gato que soy he intentado infundirle a esta institución la habilidad, venga lo que venga, y sea como sea, de caer siempre de pie. Por eso he alentado mucho la diplomacia. Y cómo no, he promovido el conservadurismo. Una iglesia moderna es una iglesia muerta.
–¿Pero no se supone que hay que estar abierto a los nuevos tiempos? ¿Ayudar a la gente de hoy en día?
–Eso está muy bien, pero en la práctica no es una estrategia muy inteligente para perdurar. Lo moderno siempre pasa de moda. En cambio, siempre habrá conservadores, un grupo fiel y estable. Piense que hasta el mayor de los revolucionarios se vuelve conservador el día después de la revolución. Así que no lo olvide: si quiere parecer guay, ábrase a los nuevos tiempos; si quiere durar, intransigencia.
–¿Y eso beneficia a los fieles?
–Por si no lo ha notado, a los verdaderos creyentes les va la marcha.
–Podríamos estar hablando horas y horas con usted, pero tanto su tiempo como el nuestro es limitado, así que pasemos ya al tema que nos ocupa: la posición de la Iglesia ante el nazismo.
–Me alegro de que me hagas esa pregunta peliaguda, porque aunque prefería no contestar en los medios y decirte por donde puede meterse la gente tanta crítica retrospectiva, me da la oportunidad de usar mi verborrea para impulsar mi imagen pública.
–¿Perdón?
–¡Uy! ¿He dicho eso en alto? Quería decir: ¡qué buena oportunidad de aclarar todo este mal entendido!
–Sin tapujos, díganos: ¿es cierto que la iglesia escondió el rabo entre las piernas y miró para otro lado mientras los nazis pasaban la tarde jugando a Genocidio?
–Bueno, bueno, no tan rápido. Pongamos las cosas en perspectiva histórica. Allá por los años 30, en Alemania la economía estaba bastante mal, y cuando eso ocurre, la gente está de un cabreo impresionante y le falta tiempo para buscar un chivo expiatorio. El perro de Hitler, se vio venir la gran oportunidad de su vida y la aprovechó.
–¿Cuál era?
–¿Cuál va a ser? La más lógica: formar un imperio. Europa es el continente más pequeño del mundo y está superseccionada en un montón de países. El perro de Hitler quería acabar con estos minifundios y caminar hacia una estructura más global.
–Mandando él, claro.
–Hombre, ¿sino para qué tanto esfuerzo?
–¿Y era necesaria tanta purga para eso?
–Pues mire, necesario, necesario… no. Pero si empiezas a okupar el resto de pisos de tu edificio, lo más práctico es que los desalojes y metas amigos y familiares en ellos. No es que a los antiguos inquilinos no les puedas obligar a pagar el alquiler, pero es desagradable tener que cruzártelos todos los días en el rellano. Lo mejor, coleguitas y parientes a los que les caigas bien porque se vean favorecidos.
–Casi parece que defienda usted sus acciones.
–Defenderlas no, sobre todo en público, pero hay que reconocer que (ética a parte) tienen su lógica, y muchas de las críticas se derivan de que no lo consiguió. Fíjese que todos los imperios de la historia (e imperio siempre es sinónimo de masacre, racismo y justicia desigual) son tratados con mucho más respeto.
–No sé yo si la gente estará de acuerdo…
–A la gente nunca le gusta nada, por eso hay que imponérselo. El caso es que el perro de Hitler estaba ganando poder y el muy… hijo de perra tenía entre sus planes instaurar una religión nacionalista y pagana. Y claro, podemos permitir muchas cosas, pero esa nunca. A nosotros no nos gusta llevarnos mal con el poder (en las pocas ocasiones en que no lo ostentamos nosotros), por lo que debíamos poner en guardia al clero sin exaltar mucho a la opinión pública. Por eso decidimos redactar una encíclica pontificia donde poner a parir toda la cuestión. Las encíclicas no son precisamente best sellers, pero nuestra gente las lee, así que asunto resuelto.
–Pero esta encíclica sí se leyó.
–Sí, ¿quién lo iba a decir? Si la gente empieza a hacernos caso tendremos que tener más cuidado con lo que decimos. El caso es que a los nazis no les hizo mucha gracia (¿alguien ha conocido algún nazi que se caracterice por su sentido del humor?) y la animadversión pasó a ser oficial.
–Así que ustedes se opusieron al nacionalsocialismo.
–Sí. Al menos al principio.
–No obstante, la iglesia católica calló ante el boicot a las ratas de los comerciantes judíos, no protestó por la proclamación de las leyes raciales de Nuremberg en 1935, guardó silencio en 1938 cuando ocurrió la Noche de los Cristales, entregó su archivo genealógico a los nazis, que supieron desde entonces quienes eran cristianos y, por lo tanto, no judíos…
–Tiene que entender que cada vez tenían más poder y, al fin y al cabo, perseguían judíos: ¡los asesinos de Cristo! Ellos se lo habían buscado.
–Pero Cristo también era judío.
–¡Jesús, María y José! No diga eso. ¡Ay, si San Pablo le oyera! Cristo, cristiano. ¿Qué sabrán los judíos de Dios y de la religión? El judaísmo es una mala y anticuada copia del cristianismo.
–¿Pero no son ustedes los que…?
–¿No hablábamos de los nazis?
–Sí, sí, perdone. Si lo he entendido bien, ustedes se mantuvieron firmes contra el nazismo mientras estaban tranquilos en sus poltronas y en sus púlpitos, pero cuando empezaron a represaliarlos, se callaron como putas.
–¡Qué fácil es criticar ahora! Me hubiera gustado verle a usted. Además, atacaban a la comunidad católica en general, no sólo a nosotros. Teníamos el deber moral de proteger a esa gente. Y de paso, a nosotros, que no valemos menos. Y para que lo sepa, clandestinamente ayudamos a un buen número de personas. Nuestra posición era la más práctica.
–¿Pero lo que Cristo les enseñó no fue a poner la otra mejilla, a sufrir los tormentos que nos envía Dios, y hacer lo debido sea cuales sean las consecuencias? Me parece que lo que Jesús y los primeros cristianos (perseguidos y mártires) nos querían enseñar es que no había que hacer lo práctico sino lo correcto.
–Ya están los no católicos queriendo ser más papistas que el Papa. Antes de opinar, debería ser de los nuestros, vivir la auténtica religión desde dentro.
–¿Y entonces podría criticar?
–No, entonces tendría que acatar lo que decimos nosotros y asunto resuelto, que para esos somos infalibles (digan lo que digan los envidiosos).
–¿Cree pues que actuaron debidamente? ¿No hubiera sido mejor movilizar a toda la comunidad católica mundial en contra de semejante atropello moral?
–No podíamos arriesgar la vida de tanta gente.
–Ustedes no los mataban, sólo les debían impulsar a hacer lo que manda su religión. ¿Acaso no lo hacen siempre? En las cruzadas no tuvieron tantos miramientos. E incluso podían haber tenido éxito: había católicos en todas partes, cargos y condiciones, no hubiera sido tan descabellado. Y en cualquier caso, el sacrificio en la vida comporta una recompensa en la otra. ¿No es eso lo predican?
–Sí, eso está muy bien, pero los feligreses muertos no nos sirven de nada. ¿O es que cree que desde el paraíso nos mandan talones en blanco?
–¿Es por eso que no condenaron la política de exterminio iniciada en 1942, ni dieron órdenes a los curas u obispos de censurar ante los fieles el régimen criminal?
–Todo fue para proteger a los católicos
–¿Y la gente que era exterminada no merecía su protección? ¿La compasión de su Dios?
–En teoría sí, pero en la práctica…
–¿Y por qué cuando las fuerzas aliadas liberaron Europa, llegaron a Berchtesgaden y descubrieron Auschwitz, el Vaticano siguió apoyando al régimen derrotado y a través del cardenal Bertram, mando decir una misa de réquiem en memoria de Adolf Hitler? ¿Por qué la iglesia católica guardó silencio y no hizo ninguna declaración condenatoria cuando se descubrieron las pilas de cadáveres, las cámaras de gas y los campos de exterminio?
–Bueno, todo eso ya lo hicimos años más tarde (¡qué prisas!), cuando todo era más estable y se sabía que los nazis no volverían. En aquel entonces aún estaba todo convulso y era mejor curarse en salud, por si acaso. Ya sabe, para proteger a la gente.
–Hay quien dice que era proteger el estatus y la jerarquía establecida del vaticano más que a la gente, que al fin y al cabo, moría igual.
–Mire, la gente se reproduce de forma natural, pero una institución de gobierno mundial cuesta lo suyo, ¿sabe? Hay que priorizar.
–Eso explicaría por qué en 1949 se excomulgó en masa a los comunistas del mundo entero pero no se hizo lo mismo con ningún nazi, ni de las bases, ni del alto mando, ni del estado mayor, ni al propio Hitler. Y seguramente también por qué los libros de gente como Simone de Beauvoir o Jean–Paul Sartre fueron incluidos en el Index pero Mi lucha, dictado por el perro de Hitler, se libró milagrosamente.
–Ya sabe lo que dicen: Muerto el perro, se acabó la rabia. Después de la guerra era mejor ocuparse de los problemas que venían que ir removiendo la mierda del pasado. Jesús dijo que había que perdonar y perseguir la paz, la bondad y el amor al prójimo. Al prójimo que no es una amenaza en estos momentos, claro. Lo que pasa que eso lo dijo por lo bajini y los evangelistas (que en realidad nunca estuvieron allí) nunca lo oyeron.
–¿Y qué pensaría usted si un nuevo régimen político persiguiera a los católicos y se dedicara a exterminarlos sistemáticamente mientras los judíos, budistas, musulmanes o hinduistas miran hacia otros lado para que no les salpique?
–Bah, ¿qué puede esperar uno de una falsa religión?

Hermes

Julio27

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Hades

Julio17

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Baco

Junio27

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Panfleto de inscripción al Ateismo

Junio1

 

Querido amigo

¿Estas perdido en esta vida? ¿No entiendes lo que haces ni que leches intentan hacer los demas? ¿No entiendes como la gente puede adorar a totems mientras el 90% de la humanidad se muere de hambre?

 No sufras más, y únete a los nuestros.

Si eres de palabra fácil, si eres un genio criticando lo no material por no haber evidencias, si te encanta criminalizar a los pensadores espirituales. Entonces eres un ateo.

 No luches sólo. Únete a nosotros para clavar la espada de Damocles en todas las teorías religiosas que no se sustentan por ningún racionamiento científico.

 No discrimines sólo, discrimina con nosotros. Juntos hacemos más. Sólo nosotros tenemos la razón.

 En las demás religiones, los adeptos que abren los ojos y se dan cuenta del engaño tienden a deprimirse. En el ateísmo somos mejores. Al ser más conscientes nos deprimimos menos ya que sabemos lo que nos espera desde el primer dia, y gracias a ello disponemos de tasa de suicidios más baja (probado científicamente)*.

 Abre los ojos, la religion es una lucha constante para sacarles el dinero a sus fieles. Los ateos somos diferentes. Luchamos constantemente contra la religión para quitarle el dinero. Somos consecuentes con nuestros actos y nuestras palabras.

 Envíanos un SMS con la palabra SI, QUIERO SER ATEO indicando tu NUMERO DE TARJETA DE CREDITO y tu CODIGO DE SEGURIDAD CVV. Coste del mensaje, 0,20cts

 *el 99.8% de la poblacion humana tiene tendencias religiosas, de los cuales el 1% se suicida al conocer la verdad. El 0,2% restante de la población humana es atea, de los cuales el 99% se suicida por saber la verdad. Es decir, la inmensa mayoria de los suicidios son provocados por la religión. “Atheist Suicides Rates” Edward et al. Journal of Psychiatry. 29 February 2009, Elseiver

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