Acólitos Sin Fronteras

Web de carácter no lucrativo para salvar su alma… de la religión.

Las Ramificaciones del Islam

Noviembre17

Como ocurre siempre que hay algo de poder al que aspirar, el Islam se ha dividido en varios credos. Existen, principalmente, tres ramas del Islam (los sunníes, los chííes y los jariyitas) y una ida de olla metafísica que llaman sufismo.

La mayor rama de todas es la de los sunníes, que abarca el 90% del mercado musulmán. Eso sí, en los interesantes países de Irán, Iraq y Líbano, son una pequeña minoría frente a los chiíes (Dios los cría, Mahoma los confunde y ellos solitos se juntan). Los sunníes son los que están de acuerdo con que el suegro de Mahoma fuera su sucesor.

La segunda mayor secta del Islam son los chiiés. Estos son los que creen que el sucesor de Mahoma debía haber sido su yerno Alí. Un líder espiritual pacífico hubiera dejado claro antes de morir quién debía ser su heredero pero, como se ha visto, a Mahoma le iba el jaleo. Este grupo sigue unas leyes y preceptos diferentes a los sunníes (nunca dejes que la religión te diga lo que tienes que hacer, es mejor que se lo digas tú a ella).

Por otro lado, los jariyíes son los descendientes de los que no pertenecían a ningún grupo de presión en la época de Mahoma, es decir, ni eran coleguitas del yerno, ni amiguitos del suegro. Puesto que tampoco querían renunciar a aspirar al poder, ellos abogaban porque el califa no tuviera que ser un pariente directo sino la persona de la comunidad que fuera más digna (que casualmente no pertenecía a ninguno de los otros dos grupitos), incluso, literalmente, aunque fuera un esclavo negro.

En todas partes y religiones, siempre hay un grupo de personas que no tienen bastante con las normas impuestas y quieren ir de místicos e iluminados. En el Islam los llaman sufíes.

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Credo

Noviembre7

Para los musulmanes, la fe se compone de seis pilares: se debe creer en Dios, sus ángeles, sus libros, sus profetas, la predestinación y en la próxima vida. Ahí es nada. Así que si no eres una persona de naturaleza crédula (o no te han lavado el cerebro desde pequeño) será mejor que busques respuestas en otro lado, ¡infiel!

Su Dios (Allah en árabe) es muy parecido al de los cristianos y más al de los judíos, ya que, entre otras cosas, no les gusta dividirlo en trocitos (nada de trinidades que luego son todo jaleos para dilucidar a quién le tocaba limpiar el baño, a quién la cocina y a quién mandar asesinar herejes) y consideran que tiene 99 gloriosos nombres distintos: El clemente, El apreciadísimo, El creador, etc. (peloteo más descarado no se puede hacer). Con todo, lo que más les jode a los musulmanes es el politeísmo, son muy duros (y bestias) con él. No son gente que aprecien la sana competencia.

En los ángeles tampoco se han inventado nada nuevo. Saben el nombre de unos cuantos pero, a diferencia de Dios, desconocen su número y, en realidad, tampoco es que su función esté muy clara. Vienen a ser unos funcionarios celestiales.

La Torá, el Evangelio y los Salmos son considerados libros revelados, aunque no lo aceptan todo, ya que consideran que han sido tergiversados (¿y quién no?), o lo que es lo mismo, admiten lo que les conviene y rechazan lo que no. El único libro revelado que aceptan en su totalidad es el Corán, lo cual tampoco sirve de mucho porque en la interpretación no se ponen de acuerdo ni ellos mismos (ni en esto muestran signos de originalidad).

En cuanto a los profetas, el Corán nombra a más de veinte de ellos (más vale que sobre…) y se supone que fueron enviados por Dios a devolver al mensaje divino su pureza inicial. Aunque, y esto se puede apreciar en cualquier libro sagrado, como Dios no tenía muy claro su mensaje, se pueden considerar como los ajustadores de los arrepentimientos divinos. Eso sí, a pesar de que se afirma siempre que los profetas eran muy majetes, muy rectos y muy limpios, se deja muy clarito que sólo son hombres y no tienen ningún poder inicial. Se observa, de nuevo, que este Dios quiere atajar de raíz cualquier, por mínima que sea, competencia. Por si las moscas, no vaya a ser que se ponga de manifiesto que, de hecho, no es tan eficaz como va alardeando.

Los musulmanes creen que todo lo que sucede es porque Dios quiere que suceda, y lo que no quiere que suceda es imposible que suceda, así que todos los acontecimientos, sean buenos o malos, beneficiosos o dañinos, ocurren por la predestinación y el designio de Alá, pero que (y hay que tener morro para ahora afirmar esto) a la vez el ser humano tiene facultad de elección. Traducción: Dios lo decide todo pero a la vez nosotros también decidimos (¿eso nos convierte en Dios?) y aunque es bondadoso, es el que hace que ocurran cosas malas, aunque se supone que nosotros también somos culpables a pesar de que el determinismo de Dios no nos deje elección, porque en realidad algo de elección si tenemos y bla, bla, bla. Una manifiesta, absurda y monumental contradicción. ¿Ven porqué hay que tener tanta fe?

Por último, es imprescindible creer en una próxima vida (ideal para los buenos, horrible para los malos), ya que sino ¿cómo iban a chantajear a tanta gente para que hicieran lo que ellos mandan? Sobre todo a la gran mayoría que ya vive puteada en esta vida.

Por otro lado, el Islam cuenta con cinco pilares:

  1. Se debe dar testimonio de que No hay dioses, sólo Dios (claro que esto la afirma el mismo Dios, ¿nadie ve un conflicto de intereses?) y Mahoma es su profeta (aunque en realidad sólo es uno de sus profetas: el último).

  2. Hay que rezar cinco veces al día (al alba, al mediodía, a media tarde, al crepúsculo y a la noche). Seguramente Dios pensó que de los judíos y cristianos no recibía suficiente adoración (y claro, el chico se la merece).

  3. La limosna es obligatoria. Hay que dar una parte de los bienes propios siempre que la persona no la necesite (lo cual es un tanto subjetivo, ¿no? Hecha la ley, hecha la trampa).

  4. En el noveno mes del calendario lunar islámico, se prohíbe comer, beber y follar hasta que caiga la noche. Que, vamos a ver, esto es sólo por joder, porque más que reducir el vicio, lo pospone, y más que reducir el ansia, la aviva. Acaso ¿no es simplemente una manera de dejar claro quién manda?

  5. Hay que peregrinar a La Meca al menos una vez en la vida si existe la bonanza de medios para ello. Lo cual nos dice que Alá, como dios tal vez sea muy poderoso, pero como guía turístico es un desastre.

Una minoría de autoridades musulmanas, no tienen suficiente con estos cinco pilares y añaden uno mas: la Yihad, que se define como el poder extremo de alguien, esfuerzos, habilidades, o la capacidad en contienda con un objeto de desaprobación. Y por si alguien no se ha dado cuenta, en la práctica, esto significa que tanto sirve para justificar una guerra (o el terrorismo) contra el infiel, como de motivación de automejora para el creyente. Todo depende de los intereses de las autoridades.

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El Corán

Octubre27

El Corán es el libro sagrado del Islam que contiene la palabra de Dios. Considerando que fue escrito por unas personas que se lo oyeron recitar a Mahoma, que se lo oyó al ángel Gabriel, y éste a Dios, nos podemos hacer una idea de cuanto le gustan al Creador los intermediarios (Dios siempre ha sido de naturaleza más bien tímida). A pesar de esto, los musulmanes consideran que el Corán es más fiable que la Biblia porque no ha degenerado (¡Traductor traidor!).

El Corán reta a los lectores a que encuentre alguna contradicción o divergencia en él ya que, como es de origen divino, no la encontrará. Tamaña chulería sólo es comparable a la idiotez del reto, puesto que cualquiera que tenga la paciencia (mucha paciencia) de leerlo, rápidamente encontrará unas cuantas. De hecho, los académicos musulmanes aceptan la doctrina de la abrogación según la cual los versos revelados más tarde se encuentran por encima de los versos entregados anteriormente. Hay que considerar que Mahoma se tiró 23 años para contar todo el Corán, con lo que es normal que el hombre fuera viendo que era necesaria alguna que otra corrección. Nota: Si se encuentra un error en el Corán, ¿significará que lo que dice el libro se puede considerar falso?

El libro consta de 114 capítulos (azoras) que, en un rapto de originalidad, no están ordenados ni cronológicamente, ni por temas, ni en el orden en que fueron revelados. Había que compilarlos de alguna forma y pensaron, ¿Por qué no colocarlos según su tamaño? Así, como si la forma nos importara mucho más que el contenido. Será más fácil captar clientes, quiero decir, creyentes si ponemos las sencillitas primero. Lástima que ni esto se hiciera del todo bien.

Los musulmanes aseguran, como suele pasar en muchas religiones con sus respectivos textos, que el Corán es destacable por su poesía y belleza, y que su perfección literaria es una evidencia de su origen divino. También como suele ocurrir, cualquiera puede comprobar hojeando unas cuantas páginas, que hay que ser muy, pero que muy fan de Dios para tragarse que semejante bodrio (repetitivo, pesado e incoherente) posee alguna cualidad estética. Y después hay quién se queja del arte abstracto.

Otra de las pruebas del origen divino del Corán es ese estilo único que mezcla la narrativa, la exhortación y la prescripción (normalmente de forma difusa e inexplicable). Si no fuera una prueba de que está revelado por Dios, parecería una evidencia de que está inventado por un analfabeto.

La ambigüedad que presenta el Corán es muy práctica porque tanto te permite matar, cristianos, judíos y no musulmanes en general, como te manda vivir en paz y en armonía con todo el mundo (happy, happy). Lo que no es en absoluto ambiguo es su machismo. Su postura está bien clara y se resume en una de las sentencias de Mahoma: el paraíso de la mujer está bajo el pie del hombre.

Únicamente se consideran coranes auténticos, los que están escritos en árabe antiguo. Y con estos hay que tener mucho cuidado. Antes de tocarlos se debe realizar un ritual de limpieza con agua. Está prohibido reciclar, reimprimir o simplemente descartar las copias viejas del texto (los volúmenes deben ser quemados respetuosamente, o bien, enterrados). En definitiva, hay que tratar mejor a los libros que a las personas (sobre todo los no musulmanes).

Los musulmanes reverencian el libro e insultarlo (¿la crítica racional será un insulto?) es considerado una blasfemia y en algunos países se puede penar con largos años de prisión o, incluso, con la pena de muerte. Cualquier excusa es buena para recurrir a la violencia. Por si acaso, y para aplacar los ánimos y prevenir la rabia e ignorancia que algunas gentes disfrazan de fervor religioso, pido perdón por no haberme dado cuenta a tiempo de que el espíritu crítico y la libertad de expresión no es más que una blasfemia contra Dios. Disculpas a todos los ofendidos (existan o no).

Conclusión: A todos aquellos al que la Biblia les parezca un libro aburrido, sobrevalorado, excesivamente largo, desfasado e inmoral, mejor que ni se acerquen al Corán.

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Mahoma

Octubre17

Abu l-Qasim Muhammad ibn ‘Abd Allāh al-Hashimi al-Qurashi, cuyo nombre artístico es Mahoma, fue el fundador del Islam. Mahoma nació en la ciudad de la Meca, que por aquel entonces era un centro comercial próspero y contaba con varios templos para adorar a sendos ídolos. Mahoma se quedó huérfano de niño y lo crío su tío paterno, que otra cosa no, pero era un mercader rico y poderoso. Mahoma también se hizo mercader, y entres sus viajes y su ciudad natal pudo conocer las costumbres y creencias de gran cantidad de gente. Como buen mercader, el negocio comenzaba a coger forma en su cabeza…

Se casó, tuvo dos hijos (bueno, y cuatro niñas, pero como pensaba que eran inferiores…) y ya fuera por no aguantarlos (como ya hizo Jacob) o para acabar de ultimar su Gran Negocio, pasaba las noches meditando en la tranquilidad de una cueva. En el año 610, cuando tenía cuarenta años de edad, Mahoma afirmó que había tenido una visión del ángel Gabriel (evidentemente hay que creerle, ¿cómo dudar de un mercader cuarentón supersticioso que pasa las noches en una cueva?), el cual le había hecho memorizar el mensaje enviado por Dios. Por supuesto, no lo reveló todo junto, no, lo fue explicando a lo largo de su vida, como si se lo fuera inventando y adaptando sobre la marcha, aunque sólo para hacerlo más ameno.

La fiable palabra de Mahoma, fue confiada a varias personas que lo memorizaron (por supuesto sin cometer ningún error) y años más tarde, cuando Mahoma ya había muerto (no había prisa) decidieron ponerlo por escrito y llamarlo el Corán (porque llamarlo Las pajas mentales fundamentalistas e incongruentes de nuestro líder hubiera quedado menos comercial).

De acuerdo con el Corán, Mahoma era analfabeto, hecho que la tradición musulmana considera una prueba que autentifica el Corán, y la gente común considera como una de las causas de las chorradas que dice.

A medida que sus seguidores aumentaban en número, Mahoma se convirtió en una amenaza para los jefes de las tribus locales. Además, su propia tribu no veía con buenos ojos el rechazo del politeísmo (hay que ser un poquito tolerantes, ¿no?). Por eso, cuando murieron su mujer y su tío, fue repudiado, sufrió algunos atentados fallidos (ah, las viejas tradiciones…) y él y sus seguidores se marcharon por patas a la ciudad de Medina.

En Medina fue contratado de mediador entre dos tribus árabes rivales. Él lo solucionó convirtiéndolos a todos en musulmanes y prohibiéndoles enfrentarse. Muy práctico, todos ganaban. Como ahora ya eran un montón los que le seguían, Mahoma supuso que las tribus judías de la ciudad también lo reconocerían como profeta, no obstante, pasaron bastante de él. Mahoma, rebotado, cambió la dirección en la que debían rezar los musulmanes del antiguo templo de Jerusalén a la Kaaba en La Meca.

Con todo, magnánimo como era, el profeta permitió que los judíos y los cristianos pudieran mantener su religión (qué remedio) previo pago de un tributo. Que una cosa es la fe y otra, aunque a veces no lo parezca, la economía.

Envalentonado por el grupo que había formado, Mahoma se lanzó a la guerra contra la Meca. Con suerte desigual en las batallas (casi parecía que no hubiera un Dios detrás de él y el resultado lo decidiese el azar, la preparación de la gente implicada y las circunstancias) acabó por proclamarse vencedor. Como el resultado era una prueba obvia de que Dios le apoyaba (o más bien de que a nadie le importa en qué creen los derrotados. Excepto si eres judío, claro) aún consiguió más adeptos. ¿Qué hizo entonces este insigne profeta de una religión de paz? Declaró la guerra (por turnos, eso sí) a todo lo que le rodeaba y comenzó a ampliar su territorio. Y para que no se le recordara sólo como a un personaje con ansias de poder, decapitaba a los hombres de las tribus derrotadas que no se aliaban con él. Como no carecía de compasión por la raza humana, a las mujeres y a los niños sólo los vendía como esclavos.

Hombre de gran catadura moral, Mahoma tomó por esposas a, al menos, una docena de mujeres (de hombres, no se comenta nada porque estaba mal visto, pero vaya usted a saber, que en el desierto uno pronto se aburre de todo), y para demostrar sus férreas convicciones, las había judías y cristianas. Desde luego no era la clase de hombre que lo primero que mira a una mujer es la religión.

Mahoma, al que le gustaba ser profeta pero dejaba lo de mártir para gente con más vocación, murió a los 63 años tras una corta enfermedad. Y como siempre, al morir el líder (acto que, por cierto, no fue acompañado de ningún guiño divino) se lió el culebrón hereditario. Los líderes de la comunidad musulmana nombraron sucesor de Mahoma (califa) a su suegro favorito, no obstante, había (y hay) quien opinaba que el verdadero sucesor debía ser su yerno. Ambas facciones, naturalmente, estaban interesadas exclusivamente en la perpetuación de la pureza del mensaje de Dios y la perfección personal, y no en la herencia de un imperio emergente.

Por si a alguien le interesa lo que pasó después, que se quede tranquilo, los sucesores de Mahoma supieron mantener vivo su legado durante muchísimo tiempo: la guerra.

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Islamismo

Octubre7

Islam significa, literalmente, aceptar, rendirse o someterse. Así que si decide convertirse, ya sabe lo que esperan de usted. En realidad, como todas las religiones, aunque estos al menos no se esconden.

Se trata de una religión abrahámica monoteísta, lo que significa que en el siglo VII, a un señor llamado Mahoma, no le acababa de gustar la interpretación que los judíos y cristianos hacían de la religión y, previa revelación divina1, decidió instaurar la suya. Por ese motivo, no nos debe extrañar que incluya a personajes tan conocidos por judíos y cristianos como Adán, Noé, Abraham, Moisés, Salomón o Jesús, ni que acepten como libros sagrados a la Torá y al Evangelio; porque en el fondo únicamente es una reinterpretación (no muy maquillada) de lo que ya había en el oriente medio de la época (si algo funciona, no lo cambies, sólo modifícalo un poquito para poder hacer tu propia patente). Eso sí, colocan a Mahoma (el profeta) y al Corán (el texto sagrado) por encima de todo, ya que sino, ni religión propia, ni provecho alguno, ni nada.

1 Ni se le ocurra montar una religión sin revelaciones divinas, experiencias extrasensoriales o acontecimientos místicos. Si no le suceden, no se preocupe: puede inventárselo. Con tanta incongruencia, carencia de pruebas y fantasía supersticiosa, nadie notará la diferencia.

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