Mayo1
Tan presuntuoso es afirmar que Dios existe
como afirma que no existe
Hume.
El ateismo es una religión que cree en no creer en nada. Al menos en nada divino. El ateo es una persona que se autositúa en una posición intelectualmente más elevada que el resto de la supersticiosa humanidad y niega la existencia de cualquier dios. Curiosamente, suelen apoyar sus convicciones en la ciencia sin pararse a pensar que todas las ciencias se basan en axiomas, es decir, principios tan indemostrables como la existencia divina. La coherencia no es la virtud de la humanidad.
Aunque no lo parezca, ser ateo no implica necesariamente no pertenecer a ninguna religión ya que existen religiones, como el budismo, que niegan la existencia de Dios. Pero eso es la teoría. Una religión sin dios es como un payaso sin media botella de whisky entre pecho y espalda: no tiene gracia. Por lo que en la realidad todas las religiones adquieren un dios llamándolo fuerza universal, ente divino, universo o lo que les salga de las meninges, pero digan lo que digan los gurús mandamases, el acólito de a pie siempre se imagina una figura de referencia.
Por otro lado, ser ateo y no ir contra cualquier religión es muy aburrido. Igual que en política, hay que elegir un bando. Eso de estar en dos, aunque muy práctico, no está muy bien visto. No obstante, como en el fútbol, aunque tu equipo vaya contra todos, siempre hay alguno al que se le tiene especial inquina, así que el ateo suele cebarse con alguna religión en concreto. Normalmente, con la que le comía la oreja cuando se criaba. La religión siempre ha sido una cuestión de amor-odio.
Aunque el término ateo viene del griego (No-Dios), se acuñó en la Roma Antigua para designar a todo aquel que no creyera en los dioses del panteón romano, en particular a los cristianos. Así que si Vd. es cristiano, que sepa que no hace mucho que dejó de ser un apestado ateo.
El ateismo pretende disfrazar con intelectualidad o indiferencia lo que en el fondo, y tal vez muy a pesar del propio ateo, es reacción visceral en contra de la religión y la actitud de sus creyentes. Por este motivo, el ateismo aspira a ser corriente filosófica. Y el problema con la filosofía es que, como en cualquier religión del montón, a la que te descuidas te brotan disidentes y se multiplican las facciones y las ramificaciones. Es entonces cuando hay que comenzar a poner adjetivos.
El ateismo fuerte niega categóricamente la existencia de dioses. Estos ateos no están para hostias. Dios no existe y punto, ¿o es que eres gilipollas? Proponen explicaciones psicológicas, sociológicas e históricas para justificar la religión, su entorno y sus consecuencias sin, evidentemente, implicar a ningún dios en el proceso. Obvian que si las ciencias de verdad ya se sustentan sobre pies de barro, las disciplinas que aplican aquí ya no digamos. No obstante, siendo tan vehementes en sus argumentos como el más fundamentalista de los religiosos, son la causa de que ningún dios (perdón, un hipotético dios) no se aparezca a la humanidad: seguro que le da vergüenza mostrar su existencia cuando es tan evidente que es imposible.
El ateismo débil es para ateos que no se quieren complicar la vida discutiendo con todo el mundo pero son demasiado escépticos como para elegir la opción cómoda de seguir la corriente. Este ateismo no es una creencia en la inexistencia de los dioses sino la ausencia de creencia en los mismos. Y aquí nos han jodido, porque hasta ahora uno pensaba que los temas divinos tenían carácter binario, es decir, o crees que es verdad o crees que es mentira. Pero resulta que no, que es como en el congreso de los diputados, que puedes decir que no te crees la mentira que el de la oposición está contando, pero te guardarás muy mucho de afirmar que es una mentira. Lo dicho, para parecer que te mojas, sin mojarte.
El ateismo agnóstico quiere cubrirse aún más las espaldas, por eso sus miembros no se ponen de acuerdo ni entre ellos. En principio no niegan explícitamente la existencia de los dioses, sino que niegan únicamente el conocimiento de su existencia. Vamos, que yo no digo que la del cuarto no se la esté pegando al marido con el jardinero, pero como yo los fines de semana no estoy, pues no lo sé. Lo que ocurre es que la mitad de estos ateos afirma que la existencia de los dioses no sólo es desconocida, sino que, además, nunca se podrá conocer debido a que serían seres sobrenaturales e inalcanzables (poco más o menos, como los súper famosos que salen en las revistas); sin embargo, la otra mitad dice que no ve motivos para que este conocimiento sea inalcanzable (el día menos pensado un famosete pasea el perro delante de tu casa). Por si fuera poco, estos últimos también se pelean entre ellos ya que hay quien opina que este conocimiento es interesante y relevante, y hay quien cree que que una celebridad limpie el culo a su mascota a la humanidad se la debe traer bien floja.
Eso sí, los ateos agnósticos coinciden en que la carga de la prueba recae sobre quien afirma algo y no sobre quien deja de creerlo, ya que sino estaríamos todo el día intentando demostrar que los unicornios rosas que venden cocaína en los colegios no existen (a pesar de que en Lourdes ya han sido corroboradas unas cuantas apariciones). Dicho de otra forma, que colocan el balón en el otro campo y ahí se las compongan.
De hecho, este es uno de los tres argumentos más empleados por los ateos contra los teístas. Los otros dos son: a) que si todas las religiones son distintas, se excluyen mutuamente y por tanto no pueden ser todas ciertas. Y si la mayoría son falsas, todo indica que el resto, que sigue los mismos patrones y modelos, también lo son; y b) esta va especialmente para los judeocristianos, si Dios es omnipotente y bondadoso, no se explica la existencia del mal cuando, precisamente, es contrario a la voluntad de Dios.
Pero si alguien piensa que los creyentes se han limitado a aceptar estas, tan bien vistas, críticas es que no ha prestado atención a las religiones a lo largo de la historia. Los teístas se han sacado de la manga unas explicaciones a la altura.
A los teístas les da igual que las religiones se contradigan, eso no prueba que la suya sea falsa. Qué más da que diga que todos los políticos son unos mentirosos, lo importante es que mi candidato es honesto.
En cuanto al mal, se dice que es el resultado de la libertad humana (¿cómo va a tener algo que ver alguien ¡omnipotente! que podría haber pensado una solución para que la libertad no implicara maldad?), la cual debe ser respetada por autoexigencia de Dios. El conocimiento de Dios por parte de los creyentes es tan brutal que sólo se puede comparar al conocimiento de la inexistencia de Dios de los incrédulos.
¿Y cuál es el argumento en contra de que la carga de la prueba corresponde a los creyentes? Es uno muy bueno porque, curiosamente, como los ateos, se basa en la ciencia (alguien tendría que explicarles que estrictamente hablando, la ciencia no se decanta por ninguna postura. ¿Será agnóstica?). Los teístas afirman que no se les puede exigir tal demostración ya que el concepto de la carga de prueba sólo se aplica y tiene sentido para métodos de experimentación finitos, no para nociones infinitas como Dios. Así que en realidad, la prueba que les están pidiendo no es más que el fruto de la subjetividad de perspectiva de la cognición humana. Tócate los huevos.
Eso sí, al parecer, la percepción de Dios de los creyentes no se ve afectada por esta subjetividad.
En cualquier caso, ¿alguien se ha dado cuenta de que en realidad nadie ha demostrado nada? No lo dude, por muchas vueltas que se le de y muchos adornos que se le añadan, elegir postura religiosa es tan arbitrario, pasional y carente de razones no pragmáticas como escoger equipo de fútbol.
Así que, mientras la gentes se desahoga con esos pasionales enfrentamientos sólo esperamos que no se pongan de acuerdo para ir a joder todos al árbitro, que nosotros no tenemos la culpa de nada.