El Corán
El Corán es el libro sagrado del Islam que contiene la palabra de Dios. Considerando que fue escrito por unas personas que se lo oyeron recitar a Mahoma, que se lo oyó al ángel Gabriel, y éste a Dios, nos podemos hacer una idea de cuanto le gustan al Creador los intermediarios (Dios siempre ha sido de naturaleza más bien tímida). A pesar de esto, los musulmanes consideran que el Corán es más fiable que la Biblia porque no ha degenerado (¡Traductor traidor!).
El Corán reta a los lectores a que encuentre alguna contradicción o divergencia en él ya que, como es de origen divino, no la encontrará. Tamaña chulería sólo es comparable a la idiotez del reto, puesto que cualquiera que tenga la paciencia (mucha paciencia) de leerlo, rápidamente encontrará unas cuantas. De hecho, los académicos musulmanes aceptan la doctrina de la abrogación según la cual los versos revelados más tarde se encuentran por encima de los versos entregados anteriormente. Hay que considerar que Mahoma se tiró 23 años para contar todo el Corán, con lo que es normal que el hombre fuera viendo que era necesaria alguna que otra corrección. Nota: Si se encuentra un error en el Corán, ¿significará que lo que dice el libro se puede considerar falso?
El libro consta de 114 capítulos (azoras) que, en un rapto de originalidad, no están ordenados ni cronológicamente, ni por temas, ni en el orden en que fueron revelados. Había que compilarlos de alguna forma y pensaron, ¿Por qué no colocarlos según su tamaño? Así, como si la forma nos importara mucho más que el contenido. Será más fácil captar clientes, quiero decir, creyentes si ponemos las sencillitas primero. Lástima que ni esto se hiciera del todo bien.
Los musulmanes aseguran, como suele pasar en muchas religiones con sus respectivos textos, que el Corán es destacable por su poesía y belleza, y que su perfección literaria es una evidencia de su origen divino. También como suele ocurrir, cualquiera puede comprobar hojeando unas cuantas páginas, que hay que ser muy, pero que muy fan de Dios para tragarse que semejante bodrio (repetitivo, pesado e incoherente) posee alguna cualidad estética. Y después hay quién se queja del arte abstracto.
Otra de las pruebas del origen divino del Corán es ese estilo único que mezcla la narrativa, la exhortación y la prescripción (normalmente de forma difusa e inexplicable). Si no fuera una prueba de que está revelado por Dios, parecería una evidencia de que está inventado por un analfabeto.
La ambigüedad que presenta el Corán es muy práctica porque tanto te permite matar, cristianos, judíos y no musulmanes en general, como te manda vivir en paz y en armonía con todo el mundo (happy, happy). Lo que no es en absoluto ambiguo es su machismo. Su postura está bien clara y se resume en una de las sentencias de Mahoma: el paraíso de la mujer está bajo el pie del hombre.
Únicamente se consideran coranes auténticos, los que están escritos en árabe antiguo. Y con estos hay que tener mucho cuidado. Antes de tocarlos se debe realizar un ritual de limpieza con agua. Está prohibido reciclar, reimprimir o simplemente descartar las copias viejas del texto (los volúmenes deben ser quemados respetuosamente, o bien, enterrados). En definitiva, hay que tratar mejor a los libros que a las personas (sobre todo los no musulmanes).
Los musulmanes reverencian el libro e insultarlo (¿la crítica racional será un insulto?) es considerado una blasfemia y en algunos países se puede penar con largos años de prisión o, incluso, con la pena de muerte. Cualquier excusa es buena para recurrir a la violencia. Por si acaso, y para aplacar los ánimos y prevenir la rabia e ignorancia que algunas gentes disfrazan de fervor religioso, pido perdón por no haberme dado cuenta a tiempo de que el espíritu crítico y la libertad de expresión no es más que una blasfemia contra Dios. Disculpas a todos los ofendidos (existan o no).
Conclusión: A todos aquellos al que la Biblia les parezca un libro aburrido, sobrevalorado, excesivamente largo, desfasado e inmoral, mejor que ni se acerquen al Corán.